LA MUJER ALFA

Publicado por DAVID CAÑADAS
Con formación en Reiki, Masaje Tántrico, Masajes Relajantes y Meditación Avanzada, trato de expandir el entendimiento y el conocimiento del amor, así como la gran importancia que tiene en nuestra psique y en nuestro ser el contacto físico realizado, y recibido, desde el corazón.

En una relación tántrica, donde se valora especialmente el aspecto femenino, se dice que la mujer es quien lleva la iniciativa. Es la líder. Es ella quien guía al hombre hacia una experiencia sexual basada en las sensaciones sutiles, en la escucha y en la presencia, sin un objetivo preestablecido, sin una meta a alcanzar... todo lo necesario ya está en ese lugar y en ese momento. 

Hasta que el hombre no aprenda a vivir la sexualidad desde ese lugar, mientras se empeñe en vivir la intimidad como una competición social en la que triunfa el que más coitos realice, permanecerá sumergido en su mar de machismo, sin entererarse de que la esencia de la mujer es la misma que la suya y seguirá creyendo que la sexualidad es cosa de hombres. Porque "ellas no tienen el mismo deseo que nosotros", porque "ellas se entregan cuando te aman, como un regalo que te dan", porque "el que quiere sexo de los dos soy yo, y ella es la que me lo entrega", porque "es un premio", porque es "mi premio"...
 
Por otro lado, mientras la mujer no aprenda a soltarse, hasta que no se permita sentir y expresar su deseo y entre en su placer, seguirá siendo víctima y cómplice del machismo del hombre. En nuestra cultura, la sexualidad se asocia a la naturaleza masculina, se enfatiza y se espera el esfuerzo, la técnica y los conocimientos con el objetivo concreto de alcanzar el orgasmo, símbolo de una relación sexual exitosa. Esta asociación provoca las frustraciones y bloqueos que aún persisten tanto para las mujeres como para los hombres. 

 

"¿Cómo voy a hacer eso? ¿Qué van a pensar de mí?" 

Estas preguntas, tantas veces planteadas, son el resultado de la interacción de dos elementos. Uno, que pertenece a la esencia del ser femenino y desea expresarse, que anhela experimentar y sentir una situación de vida, que quiere simplemente ser. Y otro elemento externo a ella (o no) que finalmente la somete y calma sus ganas de abrirse a la vida. Este sometimiento impide a la mujer ocupar el lugar que le pertenece en las relaciones, perpetuando así el aspecto masculino de la sexualidad. Sin embargo, al tomar la decisión de escapar de esa sumisión y honrar a su feminidad, ella puede respirar poco a poco en una nueva conciencia. Y esta decisión ha de ser tomada no desde el feminismo, ni desde el victimismo ni desde la competencia de géneros, sino desde la CELEBRACIÓN de ser, desde la intención de vivir. 

Una vez conscientes y liberadas, hay mujeres que intentan iniciar en este sentir tántrico a su pareja, con la intención de despertarla de su letargo y compartir juntos la experiencia de la sexualidad consciente, libre de objetivos, máscaras, miedos o murallas. Pero frecuentemente sus intentos son recibidos como críticas, como juicios o culpas, lo que lleva a bloquear el diálogo y la comunicación emocional. El hombre, al creer que lo está haciendo "mal", al sentirse enjuiciado, menospreciado y desestabilizado en su rol masculino de "hacer", de llevar la iniciativa, se cierra cada vez más. Muchas mujeres creen que el hombre tiene en su mano todas las llaves del placer de ellas y que si no sabe cómo usarlas es simplemente por su incapacidad, su torpeza y su egoísmo. No es así. Y realmente sí es posible enseñar al hombre a empezar a vivir la sexualidad de otro modo.
 

¿Qué ingredientes son necesarios? 

Para empezar, un buen conocimiento de uno mismo, del propio cuerpo y de la propia energía vital y sexual. La capacidad de escuchar y cuidar tus deseos y necesidades en intimidad, escuchar tu ritmo y especialmente saber expresarte. Todo esto se puede aprender a través del trabajo terapéutico y tántrico sostenido. Recibir sesiones de masajes de manos expertas que toquen desde el corazón es un buen comienzo en este camino, para empezar a abrir puertas desde adentro. Entonces descubrirás que las llaves que esperabas que el otro utilizara ¡las tenías tú en tu mano todo el tiempo! Es así como podrás sanar tu miedo a los hombres, el mismo que te puso a la defensiva ante ellos y te impidió abrirte. Además, es recomendable realizar otro tipo de trabajos para reconciliar la feminidad herida y humillada. 

El concepto que se enseña de la feminidad en nuestra sociedad hace que muchas mujeres renieguen de ella, la disimulen u oculten para no sentirse vulnerables o débiles. Así, no se dejan amar ni proteger para evitar sentirse dolidas y abandonadas después. Es similar a lo que ocurre con muchos hombres que temen vivir su lado varonil por el concepto de masculinidad que les han inculcado. Creen que ser hombre está relacionado con el abuso, la violencia y la imposición y no desean que los demás les relacionen con esos conceptos. Por esta razón lo ocultan y se sienten más cómodos expresando su lado femenino. Hablamos de adoptar u ocultar actitudes intrínsicamente femeninas o masculinas ante la vida y las situaciones diarias, sin que esto influya en el deseo o la orientación sexual. 

Centrándonos de nuevo en la mujer (teniendo en cuenta que tambián es aplicable al hombre), aceptar estos temores profundos y encontrar de nuevo la reconciliación con su parte humillada o herida, le otorgará una paz profunda, una autoconfianza ilimitada y una gran sensación de libertad. De esta libertad nace la escucha incondicional de lo que está sucediendo en su interior y se activa alguna forma de "magia", alguna ley universal por la que al abrirse totalmente a su vulnerabilidad, su sensibilidad y sus deseos, permitirá a los hombres acercarse a ella tal y como son, desde el corazón, con su fuerza, sus debilidades, sus dudas, sus miedos, sus deseos diferentes y sus formas de expresarse cambiando para siempre el concepto que hasta entonces tenía de ellos. 

Al recuperar el valor, al reafirmarse como ser, al sentirse libre, poderosa y divina, la mujer puede abrir su corazón y darle un nuevo valor al hombre. Sin embargo, esta apertura necesita evitar ciertos escollos. Por ejemplo, querer complacer al otro cuando no hay deseo es una falta de respeto hacia una misma y hacia los demás. Un verdadero "no" conducirá a un verdadero "sí", sabiendo que hay mil maneras de estar en una relación íntima que favorezca el acercamiento, la complicidad y el placer. Es importante así que ella reconozca cuál es la parte de sí misma que dice "no" al encuentro, y no bloquear a sus otros rincones que puedan estar diciendo "sí". Hacer el amor no se limita al coito ni a la penetración. 


Llevando la iniciativa

Si eres una mujer consciente que desea vivir su propio papel en el momento de la unión sexual, no se trata de decirle a él cómo hacerlo ni de contarle tu descontento o tus frustraciones, sino de guiarlo diciéndole qué te apetece sentir, qué te hace feliz en el momento, verbalmente, o dejando que tu cuerpo hable. Esto le transmitirá a él tu voluntad de ejercer tu derecho al placer, a invertir totalmente los roles, a jugar con la sensualidad que guiará y alimentará, al mismo tiempo, el placer de tu pareja.

Date permiso a escuchar el placer. "Escuchar el placer" no significa estar atenta a que llegue un gran orgasmo y pensar mientras tanto "pues no viene nada...", sino centrarte en las sensaciones que produce en ti la excitación física, el contacto de los cuerpos, sus caricias en tu piel y tus manos en la suya; ser consciente de tu propia energía sexual y de la de él y, en ese momento, hacerla circular. O, mejor dicho, percibir cómo circula, recibiendo pequeñas sensaciones por todo el cuerpo, pequeños conatos de placer alternos, un bienestar difuso, quizás sólo el deseo de estar ahí, de ser.

Sé ​​uno con él. A partir de ahí, una respiración más tranquila, relajación... Puede surgir entonces un impulso más fuerte, un deseo en forma de onda que te lleva y te lleva hasta el otro, en una sincronicidad de sensaciones. No se trata de entrar en una sexualidad masculina a ritmo de hombre, rápida y llevándola al culmen, sino de saborear lo que sucede, detenerse en lo que está pasando de manera consciente y relajada, respirando profundamente para que la energía acumulada en los genitales pueda extenderse e invadir todo el cuerpo. Invítate primero a ti misma a sentir este momento, permítete estar realmente presente en ese instante. Después, se necesita que te atrevas a invitarle a él a unirse contigo en este espacio, porque aquí es donde encontraréis vuestro disfrute. Si le invitas a seguirte, disminuyendo el ritmo, él se abrirá y en este encuentro de apertura surge más fácilmente el momento en el que ambos corazones se miren a los ojos. La esencia de los seres reclamará así el reconocimiento del uno en el otro, la interacción de un cuerpo con el otro cuerpo, de un alma con el otro alma, la unión multidimensional de lo que, en realidad, ha estado siempre unido. 

Allí, los dos amantes se sentirán alimentados por el amor, en lo profundo y en lo superficial. Aquí llega el intercambio... En este espacio más suave y relajado la vagina puede entonces transformar la vibración de la energía generada y comenzar a distribuirla. El hombre puede aprender a percibir esta vibración en su pene a través de diferentes sensaciones. Y es a través de su sexo que el hombre envía su amor, porque su energía se emite y penetra, es propio de la energía masculina. Esta penetración de amor puede ser recogida y reconocida desde la vagina. La percepción de este amor que viene del sexo puede llevarse al espacio del corazón a través de la conciencia, la atención y la presencia. Este proceso es poderoso y curativo. Es muy importante durante este proceso que el hombre esté plenamente presente, espiritualmente consciente y sumergido en el corazón. La mujer podrá percibir desde dentro toda esa energía, todo ese amor y se sentirá respetada, honrada, amada en toda su esencia y en todo su ser, sanando posibles heridas sexuales producidas en el pasado, provocando a partir de entonces una apertura consciente e inconsciente a la energía masculina en su vida, con todo lo que ello conlleva. 

Ambos podrán abrirse a continuación y asociarse para dar y recibir, complementarse en su yin y yang de la energía, la energía del amor se transformará en energía sexual, la energía sexual se convertirá en amor sanador. Un círculo que se forma una y otra vez, no hay más separación. De este modo se irán refinando tus percepciones y las de tu pareja. Puede que te surja en algún momento el deseo de querer desconectarte de tus sentimientos en favor de sentir placer. Puedes invitarle a él a unirse contigo en el proceso de sentir el placer y luego reorientar la energía de nuevo hacia el corazón. Metafóricamente podríamos decir que, en la sexualidad, el hombre es el que da el impulso eléctrico y la mujer la que transmite o conduce la corriente. Esta conducción puede llevar la energía a su lado más animal, si permites a tus instintos físicos dirigirla hacia ese lado. Puedes ir de un lado a otro, hacia el yang sintiendo que tu cuerpo se acelera a velocidad de crucero, y después entrar en el lado yin para relajarte y entregarte a sensaciones más suaves y sutiles y tal vez entrar en un estado meditativo-extático. 

Contrariamente a lo que se podría pensar, no hablamos de que sea la mujer quien tome las riendas y que el hombre se someta, sino que ella simplemente tome su lugar, el sitio que le pertenece, y se complemente con el hombre. Ella le invita a explorar el lado femenino de la sexualidad, ese lado que está a menudo demasiado ausente y cuya ausencia precisamente provoca tantas frustraciones. Al dar el derecho a explorar su amplia gama de sensaciones, también permitirá al hombre descubrir territorios interiores desconocidos hasta entonces, volviéndose más receptivo sin perder su esencia masculina, sino más bien al contrario, reafirmándola al reconocer su verdadera naturaleza. Un hombre liberado y consciente toma una consistencia distinta, adquiere el valor para atreverse a entrar en su receptividad y explorar sus percepciones emocionales y físicas. Una mujer que hace honor a su feminidad brilla desde dentro, no necesita ser ni la "hija de", ni el "objeto de deseo de", ni la "madre de"... para encontrar este tesoro, este regalo divino. Desde ahí, todas las mujeres son alfa. La mujer es el futuro del hombre...  

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