SOBRE EL MIEDO Y CÓMO RESOLVERLO


Hubo una época de mi vida que por la noche, mientras dormía, temblaba de miedo. Mi cuerpo se agitaba como una hoja y me castañeaban los dientes de puro pánico. No había nada que justificase este miedo pavoroso. Aparentemente todo iba más o menos bien. Este episodio duró varios meses.

En estas breves lineas vamos a ponerle cara al miedo, vamos a mirarlo de frente, vamos a descubrir qué hacer para que deje de ser una emoción paralizante y aterradora, y sobre todo, cómo convertirlo en algo útil y provechoso.

Esto lo vamos a conseguir desmenuzando y analizando los diferentes elementos que componen esta emoción, lo cual nos va a ayudar a sentir que superarlo está al alcance de nuestras capacidades, de las de todos.

El origen del miedo

Para empezar podemos decir que el origen del miedo se encuentra en el sistema límbico, el centro de las emociones. Está relacionado con la percepción de un estimulo peligroso que puede ser real o imaginario, y que puede hacer referencia al pasado, el presente o el futuro.

Siendo el miedo una de las emociones que llamamos primarias, la tienen todos los animales, y consiste en una intensa sensación desagradable, cuya causa es la aversión natural al peligro.

El miedo es una emoción vital que nos permite dar respuestas adaptativas al medio en situaciones de peligro y que tiene como finalidad asegurar la supervivencia de la especie. Se va a concretar en conductas de defensa y/o huida, siendo el miedo es uno de los componentes principales de estas respuestas, que sirven para reaccionar adecuadamente y poder escapar eficazmente de un peligro inminente.

Así, podemos observar que el miedo es algo completamente natural y absolutamente necesario para mantenernos vivos. Las personas que no tienen miedo suelen desarrollar conductas de riesgo que ponen en peligro su seguridad, su vida y las de las personas que los rodean. Por lo tanto podemos considerar al miedo como un seguro de vida.

Por otra parte, decir que el miedo es frecuentemente psicológico, y tiene más que ver con cómo interpretamos lo que nos está pasando que con lo que pasa en realidad. Nuestras experiencias previas suelen condicionar estas percepciones, cargando de sensaciones negativas los sucesos que transcurren en el presente y sobre los que aún desconocemos el desenlace final.

Analizar qué experiencia anterior está en la base del miedo que sentimos ahora, en el momento presente, suele ser una buena estrategia para restarle fuerza y poder afrontarlo.

Fisiología del miedo

El miedo suele ir asociado a una sensación de gran malestar, preocupación y pérdida de control. Obedece a un mecanismo hormonal que se desencadena en la amígdala central, y en el que intervienen una serie de neurotransmisores como la vasopresina, el cortisol y la adrenalina. Cóctel hormonal que va a provocar en nuestro cuerpo reacciones como el aumento de la presión cardíaca, sudoración, dilatación de las pupilas, descenso de la temperatura corporal, aumento de la conductividad de la piel y del tono muscular.

El miedo, cuando no sabemos manejarlo, nos paraliza, nos bloquea emocionalmente y hace que nos resulte más difícil poder disfrutar de la vida.

¿Cómo adquirimos nuestros miedos?
Absolutamente cualquier cosa puede producir miedo a una persona en concreto, pero todos estos miedos solo son una expresión del miedo primordial, el miedo a la muerte.
Con independencia de cuál sea el objeto de nuestros miedos, todos se adquieren por las siguientes vías:

    * Aprendizaje Vicario o por Observación: Descrito por Bandura, este modelo señala que no solo se aprende por la propia experiencia. El aprendizaje Vicario postula un tipo de aprendizaje social por imitación de modelos. Si vemos a alguien que se comporta de una manera por la cual recibe un premio, tendemos a repetir ese comportamiento. Y si recibe un castigo tendemos a evitarlo.

    * Condicionamiento Clásico: Estudiado por I.P. Pavlov, se trata de la asociación por repetición de un estímulo nuevo con un reflejo ya existente. Un estímulo originalmente neutro que no provoca respuesta, adquiere la capacidad de provocarla gracias a la asociación con uno que normalmente sí tiene esa capacidad. En este modelo es básico el número de veces que esta asociación se repite.

    * Condicionamiento Operante: Modelo desarrollado por B.F. Skinner, que se basa en las consecuencias, o asociación consecuente, de una conducta con un premio o un castigo. Idealmente, el premio llevaría a la repetición de la conducta y el castigo a su extinción.
Como podemos observar en el Condicionamiento Clásico hablamos de reflejo (involuntario), y en el Condicionamiento Operante, de conducta (voluntaria).
Por otra parte, decir que el miedo tiene componentes cognitivos, conductuales y somáticos.
Para un buen manejo del miedo debemos generar nuevas respuestas que tengan en cuenta estos tres aspectos del comportamiento.

Estrategias para afrontar el miedo

En el nivel de las conductas, las estrategias básicas para afrontar el miedo son cuatro:

  •     Inmovilizarse: No hacer nada, quedarse quieto.
     
  •     Amenaza o ataque: Puede ser tanto verbal como físicamente. Las críticas, elevar la voz, la postura amenazante...son algunas de estas estrategias.
     
  •     Retirarse o huir: Salir de la situación. Solemos hacerlo cuando valoramos que enfrentarnos va a ser más peligroso, o cuando hemos aprendido que defendernos no sirve de nada. Este mecanismo se llama indefensión aprendida.
     
  •     Evitación: Por ejemplo, levantando barreras, poniendo obstáculos o distancia: Colgando el teléfono, bloqueando el Whatsapp, cambiando la cerradura, apagando la televisión...

En el nivel cognitivo vamos a pretender mantener nuestros pensamientos bajo control en lugar de que sean nuestros pensamientos los que nos controlen. Para ello:

  •     Meditando nos mantenemos presente
     
  •     Elimina el juicio: observa, respira y suelta.
     
  •     Regula las fantasías negativas y no hagas drama.
     
  •     Evita nutrir los pensamientos negativos y el pánico, córtalos en cuanto los veas aparecer en tu mente.
     
  •     Infórmate por medios fiables, no te creas todo lo que ves, nada suele ser lo que parece.
     
  •     Evita actuar de forma impulsiva y emocional, deja que pase la ola emocional para no entrar en pánico y desarrollar conductas de riesgo para tu seguridad o la de los demas.
     
  •     Sé razonable, lógico, y mantente lúcido.
     
  •     No generalices.
     
  •     Confía en tus recursos internos, eres una persona sabia y poderosa, confía en tu intuición.
     
  •     Busca el lado positivo de las situaciones y el aprendizaje.
     
  •     Agradece todo lo bueno que hay en tu vida., aún en las situaciones más adversas.
     
  •     Haz listas de las cosas positivas que tienes como recursos para afrontar este momento.
     
  •     Confía en la vida como proceso, y en que de todo se sale.
     
  •     Y cuando todo sale mal, confía en que mañana será otro día.


Una vez que tengamos bajo control los anteriores componentes, la respuesta somática se verá modificada por si sola. Esto sucede así porque es una variable bajo la influencia del sistema nervioso vegetativo o autónomo, sobre el que no tenemos control voluntario.

El miedo y la trascendencia

Otra vía para el manejo del miedo es recordar nuestra naturaleza trascendente.
Desde el punto de vista existencial los miedos están en nuestra vida para afrontarlos. Para que desarrollemos herramientas que nos permitan superarlos y descubrir durante el proceso lo fuertes, valientes, compasivos, empáticos y solidarios que podemos llegar a ser.

Al estar la verdadera causa del miedo relacionada con el final de la existencia física, el reconocimiento de nuestra naturaleza espiritual nos ayudara a ir más allá del miedo. Lo que nos va a permitir dar sentido y aceptar estas experiencias como parte de nuestra evolución, aprendizaje y crecimiento personal.

 

Publicado por MARÍA LUISA ALGARRADA
03/05/2020
Terapeuta con más de 25 años de experiencia. Soy una psicóloga diferente, ya que mi enfoque incluye el Alma en la comprensión y tratamiento de la persona y su conflicto. Así como nuestra conexión co... Saber más
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